Consumo de sustancias, de los principales factores de riesgo en la violencia familiar en Culiacán

Consumo de sustancias, de los principales factores de riesgo en la violencia familiar en Culiacán

Desde hace casi un año, la asociación Jaguares, Jóvenes de Bien; trabaja en la atención de personas que enfrentan una medida cautelar por violencia en el hogar; a la par, genera un perfil con las características del agresor en la capital sinaloense.

 

Hace casi un año, la asociación civil de origen chihuahuense, Jaguares Jóvenes de Bien, llegó a Culiacán para aplicar, de manera piloto, su programa de atención a agresores, “Reconstruyéndome”, que ha atendido a cerca de 380 personas en la capital sinaloense.

Fernando Gallegos, director de la AC, indica que han encontrado hallazgos que revelan algunos de los principales factores que contribuyen a la detonación de la actitud violenta del agresor en la capital sinaloense. Encuentran que el mayor riesgo obedece al consumo de alcohol o sustancias ilícitas.

 

“Ha sido muy interesante el trabajo en Culiacán. Desde que comenzamos este plan piloto esperábamos poder definir un perfil de ofensor. Esto está determinado por el tipo de instituciones a las que nosotros prestamos el servicio”, indicó.

 

Durante este tiempo, indica Fernando, han prestado servicio a la Unidad de Medidas Cautelares (UMECA), así como al Centro de Reinserción Social, a comunidades terapéuticas o centros de rehabilitación, como comúnmente se le llama, bajo el cuidado de la Comisión Estatal de Prevención, Tratamiento y Control de las Adicciones (CEPTCA).

 

Con estas alianzas han prestado servicio a más de 380 personas, lo que ha permitido a la asociación acercarse al perfil de ofensores.

 

“Encontramos algunas diferencias con respecto a las instituciones con las que trabajamos, que provienen de un proceso legal o característica por la que se encuentran en un centro, pero hemos encontrado un común denominador: que el principal riesgo es el consumo de sustancias; es uno de los más predominantes”, señala.

 

factores de riesgo en la violencia

 

 

Los factores de riesgo

No todos los ofensores son iguales, advierte Fernando Gallegos, existen diferentes factores de riesgo: los celos hacia la pareja, el consumo de sustancias, algún trastorno de la salud mental como la depresión, la ansiedad, o bien la falta de habilidades para controlar la ira o el estrés.

 

“Dentro de los hallazgos que hemos encontrado en este tiempo de trabajo en Culiacán, ha sido el diseño de este perfil. Una vez que lo tenemos, estamos listos para el siguiente paso: una adaptación del tratamiento con especialistas que trabajan el tema cognitivo conductual”.

 

Para la atención de los agresores en Culiacán, la asociación realizó una modificación al tratamiento que desarrollaron para la población que atienden en Chihuahua, a fin de abordar el tema de consumo de sustancias.

“Donde nosotros lo desarrollamos en Chihuahua, pueden ser otro tipo de factores de riesgo, puede ser el consumo de sustancias, pero es más común encontrar la falta de habilidades para controlar la ira, los celos, etcétera; pero creo que ha sido un buen avance que tenemos, para desarrollar el tratamiento”.

En Chihuahua, añade, han encontrado factores como los que denominan “pensamientos distorsionados”, refiriéndose a actitudes machistas hacia su pareja, principalmente.

 

“En Chihuahua nos encontramos más este tipo de casos y tiene que ver porque muchos vienen de rancherías cercanas a municipios donde trabajamos. Aquí en Culiacán, lo vemos principalmente en personas de 50 a 60 años, que es donde trabajamos más esa cuestión. Aquí están trabajados el tema de género y el machismo; entones, más bien nos encontramos en Culiacán con el tema del consumo y el control de la ira”, explica.

 

Machismo y la atención

Fernando Gallegos indica que cuando no existe en el agresor un factor de riesgo, como el consumo de sustancias legales o ilegales, y tampoco existe un padecimiento relacionado con la salud mental, la atención a agresores resulta prácticamente sencilla, pues se ataca la idea distorsionada derivada por usos y costumbres familiares o de la comunidad en la que habita y es cuando esta estructura colapsa.

“Es un reto para los terapeutas. Siempre hay resistencia natural al cambio, pero yo creo que es una de las cosas más fáciles de trabajar. Si no hay otro factor de riesgo como el consumo, o de salud mental, y que la persona esté tomando un medicamento, o que su situación personal haya situaciones muy fuertes: económica, de salud, de recursos, sí es muy complicado en esos casos, pero cuando no existen tantos factores de riesgo, se trata de una restructuración cognitiva, como se le llama; no es tan complicado, es simplemente que el terapeuta trabaja con ellos paso por paso, identificando dónde ellos tienen este tipo de pensamientos machistas, qué le hace sentir y cómo le hacen actuar”.

“Lo va trabajando y el paciente lo va llevando, siempre y cuando no esté vinculado a problemas más fuertes. Finalmente, esto puede verse como un pequeño bloque que detiene toda la estructura, al atacar esa idea, se derrumba esa resistencia dura a mantener todas esas problemáticas. Si lo quitas, se colapsa. Entonces, se trabaja y se le va dando acompañamiento y puede tener buenos resultados”, explica.

La asociación Jaguares Jóvenes de Bien Nació hace casi 13 años, luego de un hecho violento en Ciudad Juárez, Chihuahua; cuando un grupo de jóvenes fueron asesinados por un grupo armado al confundirlos con un grupo rival. Entre las víctimas mortales se encontraban dos adolescentes, jugadores del equipo de futbol americano Jaguares.

La tragedia cimbró al estado. Las autoridades reconocieron que se trataba de deportistas, “jóvenes de bien”, e implementaron iniciativas para prevenir la violencia. En medio del luto, familiares se organizaron junto con Fernando Gallegos, entrenador del equipo, para proponer e implementar estrategias ciudadanas para prevenir la violencia al interior de las familias, es decir, atacar el problema desde la raíz.

Convertidos en activistas, los deudos se acercaron a investigadores de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y juntos construyeron la metodología, procesos, orientación metodológica y el contenido del programa que anualmente recibe a cerca de mil personas, y que ahora se encuentra en cuatro municipios de Chihuahua.

Para la atención de generadores de violencia familiar o de pareja, los expertos propusieron un tratamiento con enfoque cognitivo conductual, al considerarlo el más
eficaz para los fines esperados. La implementación debía ser individual y grupal, a fin de que los usuarios no repitan las conductas violentas o el daño que han generado.

 


 

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